Manera de silencio (1955)

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Índice

El poeta
Biografía
Mar
Soneto para empezar un amor
Vivir
El vino de los muertos
Espejo
Me busco por el tiempo
Aclimato mi aliento…
Antiguo presente
Dios
La palabra de Dios
Oración
Hombre
Necesidad de alegría
Arcángel de pereza
Retorno
La memoria es de lluvia
El poeta pide por su voz
La poesía

El poeta

Alzo la voz. El aire es su destino.

(También se quedará la voz en nada.)

Recuerdos del tamaño del rocío…

Olvidadas memorias de mañana…

Buceo en el instante removido
y mis manos se llenan de palabras.

Manuel Alcántara

Biografía

Lo mejor del recuerdo es el olvido…

Málaga naufragaba y emergía…

Manuel, junto a la mar, desentendido;
yo era un niño jugando a la alegría.

Ahora juego a todo lo que obliga
la impuesta profesión de ser humano,
y a veces, al final de la fatiga,
enseño a andar palabras de la mano.

Ser hombre es ir andando hacia el olvido
haciéndose una patria en la esperanza;
cuerpo a cuerpo con Dios se está vendido
y a gritos no se alcanza.

(Dentro de poco se dirá que fuiste,
que alguien llamado así, vivió y amaba…)
Ser hombre es una larga historia triste
y un buen día se acaba.

Desde mis veinticinco historias vengo.

Nada me importó nada.

Pero cualquier capítulo lo tengo
miniado en letra triste y colorada.

Un hombre hecho y deshecho
os habla. Soy distinto cada año.
Tengo un desconocido por el pecho.
Sí. Miradme a los versos. No os engaño.

Tengo el sombrío bosque de la frente
esperando que llueva;
mientras, el alma suena bajo el puente,
y cuando el alma suena es que a Dios lleva.

Vuelvo a andar el camino desandado
y en mi paso resuenan las cadenas.
Recuerda el corazón acostumbrado…,
¡qué buen fisonomista de las penas!

Unas pocas palabras me mantienen:
duda, esperanza, amor… Siempre me pierdo…
Amor, duda, esperanza… Siempre vienen…
La ilusión, si la he visto no me acuerdo.

Lo mejor del recuerdo es el olvido…

Málaga naufragaba y emergía…

Manuel, junto a la mar, desentendido;
hubo una vez un niño en la bahía.

Y un hombre hay de pie sobre mis huellas,
indefenso y sonoro, a ras del suelo,
que se irá mientras hacen las estrellas
propaganda de Dios allá en el cielo.

Manuel Alcántara

Biografía

Mar

A Jesús Cancio

En medio de la noche el mar sin sueño
cuenta peces y estrellas desvelado;
en medio de la noche el mar cansado,
como un perro olvidado por su dueño.

La ola se frunce en numeroso empeño,
algas condecorándole el costado,
y el mar dentro del mar ha naufragado
igual que un río frágil y pequeño.

Lluvia de Dios sirviera de semilla
a su arboleda azul y su cadena
cuando el mar se inventaba aquella orilla.

Una postura suya busca el centro;
desertor inconforme de la arena,
el mar tiene un dolor de tierra adentro.

Manuel Alcántara

Soneto para empezar un amor

Ocurre que el olvido antes de serlo
fue grande amor, dorado cataclismo;
muchacha en el umbral de mi egoísmo,
¿qué va a pasar? Mejor es no saberlo.

Muchacha con amor, ¿dónde ponerlo?
Amar son cercanías de uno mismo.
Como siempre, rodando en el abismo,
se irá el amor sin verlo ni beberlo.

Tumbarse a ver qué pasa, eso es lo mío;
cumpliendo años irás en mi memoria,
viviendo para ayer como una brasa,

porque no llegará la sangre al río,
porque un día seremos sólo historia
y lo de uno es tumbarse a ver qué pasa.

Manuel Alcántara

Soneto para empezar un amor

Vivir

Vivir se va quedando sin campanas,
la esperanza no tiene que ponerse
ni la muerte un lugar donde caerse…
¿Quién le cerró a la vida las ventanas?

Que me expliquen por qué no tienen ganas
los antiguos caminos de moverse;
ya no queda ninguno en que perderse
y me quedan que estar muchas mañanas.

Por una herida múltiple respira
mi voz y en la baranda estoy de codos
pensando en el final de la tragedia.

Qué le vamos a hacer. Si bien se mira,
con el día y la muerte estamos todos.
Mal camino. Si Dios no lo remedia.

Manuel Alcántara

El vino de los muertos

Recuerdo el porvenir. Todo se sabe.
Lo que me espera es una vieja historia;
la muerte empezará por la memoria,
a vivir le echarán tierra y un ave

volará, dicen (mucha duda cabe).
Lo demás nada importa, es trayectoria;
lo demás es dar vueltas en la noria.
Tenerse que morir, es lo grave.

El silencioso vino de los muertos
diariamente me bebo trago a trago
con la incontable sed de los desiertos.

Todo para acabar donde se empieza;
ya no sé si es vivir esto que hago
la muerte se me sube a la cabeza.

Manuel Alcántara

Espejo

Tiene sangre de estatua
la imagen del espejo.

Me estoy mirando enfrente
sin salirme de dentro…

(Entre la sangre plana
acuñando secretos,
el espejo no tiene
sitio para el misterio.)

Me estoy mirando enfrente…
Parezco mi recuerdo.

(El espejo regala
al ciego que está dentro
biseladas y frías
monedas de silencio.)

Me estoy mirando enfrente
y tampoco me encuentro.

Manuel Alcántara

Me busco por el tiempo

Me busco por el tiempo que he perdido
y en las hojas de ayer del calendario,
pero no encuentro al alma por mi almario
ni rastro de aquel viejo conocido.

El que yo fui, ¿por dónde se habrá ido?
Quiero saber de mí. Es necesario
conocer a quien trato en este diario
escribir las memorias de mi olvido.

La aventura pequeña de ese barco
que hace su travesía por un charco
sabiendo que a babor nadie contesta.

Bebiendo estoy mi vino y mi pregunta.
Penas y dudas. Todo se me junta.
Y Dios da la callada por respuesta.

Manuel Alcántara

Aclimato mi aliento

Aclimato mi aliento al desencanto
y acostumbro mi tiempo a la deshora;
resido en la memoria, esa sonora
habitación cerrada a cal y canto.

Ser hombre es la tarea que levanto,
ésa mi ocupación desoladora,
que se guarda la pena y nunca llora
porque sabe que nunca es para tanto.

Yo vine para ver oscuridades,
viajo del corazón a la cabeza,
minero del metal de las verdades

y sé que la verdad siempre se esconde.
Llamo ante la sombría fortaleza…
(Por más que llamo nadie me responde.)

Manuel Alcántara



Antiguo presente

Tengo un niño olvidado en la memoria
antiguamente joven como un río;
regresa de un remoto tiempo mío
tan lejano y azul como la gloria.

Inconcretas noticias de mi historia
me trae hasta la puerta un viento frío;
volviendo están los vilanos de otro estío
y agua pasada muévese en la noria.

El porvenir de ayer es ya recuerdo
y el niño nunca sabe dónde empieza
el día de mañana cada día.

Niño que se perdió como me pierdo,
pensando que no es buena mi tristeza
y no vale la pena mi alegría.

Manuel Alcántara

Dios

Creer en Dios es nieve y se derrite
sobre el hombro cansado de la espera.
Creer en Dios, ¡ay Dios!, qué fácil era,
pero el eco de Dios no se repite.

Dando traspiés el alma, caes y te
levantas, ¡qué remedio!, y ni siquiera
duele. ¿Dónde anda Dios? Si lo supiera…
Y Dios sigue jugando al escondite.

Esperemos. Silencio de Dios suena
en la oquedad del hombre. Siegan hoces
de frío el frágil vuelo de aquel ave

que distraía el paso a la cadena.
Tengo miedo y escucho. Suenan voces.
Serán de Dios. No sé. Cualquiera sabe.

Manuel Alcántara



La palabra de dios

La palabra de Dios suena en el tiempo.
La palabra de Dios
resbala por las piedras y me llega
a través de los hombres,
acomodada por sus manos, fría,
extrañamente turbia, inexplicable.

La palabra de Dios suena en el viento.

Tu palabra, Señor, como una lágrima
que suspende tu mano sobre mí,
se queda por el aire
a mis alzados brazos imposible.

Desde el barro, mi solo consejero,
levanto una columna de preguntas
sosegadas y oscuras como un humo
que hasta Ti asciende ingrave
manchando la pared de la mañana.

Tú tenías la voz innumerable
lo mismo que la lluvia,
y oficio de la tierra era mojarse.

Tú tenías la voz alegre y blanca
de la lluvia tendida por las piedras.

¿Qué ha pasado, Señor, después de aquello?

¿Qué me ha pasado a mí que no te entiendo?
¿Y a Ti qué te ha pasado?

¿Qué ríos o qué espadas se han alzado
cortándome, ahogándome tu lluvia?

¿Por qué me dejaste tu palabra oscura?

Remotamente duro es tu silencio,
callas como una estrella.

(Dios sigue estando, claro, pero arriba.)

Señor, yo no te tengo más que miedo.

Necesito que grites,
quiero tu resplandor sobre mi frente
o en el hombro tu mano azul y eterna.
Quiero vestirme de palabra tuya
para andar abrigado hasta tu tiempo.

Cuando Dios nada dice es que algo pasa.

(Con silencio de nieve sobre nieve,
la palabra de Dios está cayendo.)

Compréndeme, Señor,
te ando buscando a ciegas
y hasta mis labios viene
tu ruidoso silencio inmerecido.
En esta oscura búsqueda no encuentro
ni manos que me lleven
ni viejas catedrales que me sirvan.
Contra esto nada sirve,
quizá el camino andado de quererte…
Y en mi insignificante trascendencia,
levanto un haz de sangre o de preguntas
y un eco de silencio me responde.

La inextinguible duda se me ha vuelto
incertidumbre crónica y dormida.

Testimonio de Ti son estos gritos
y esta terca esperanza que sostengo
en la aplazada tierra de mis brazos.

Latente, inexorable,
¿acaso miro a Dios pensando al Tiempo?

Me surgen las preguntas exentas de reproche
porque, después de todo,
Tú me diste esta voz con que te llamo.

Alguna vez, Señor, ¡gracias a Dios!,
todo se olvida y crezco en el presente.
Roja paz de la tierra con destino de nada,
y el alma candidata a permanencia.

Entonces me dan ganas de hablarte de mis cosas.
De nimios pormenores de mi vida
de criatura de Dios, contigo a cuestas;
de la pequeña historia de mi sangre,
de la territorial desesperanza
de este desconocido en el que habito,
de mi roja alegría inconsecuente,
de todo lo que pienso.

Porque es mucho misterio para un hombre
este que transportamos por la frente.

Exiliados de Ti, siempre ignorantes,
sintiendo tu inminente lejanía,
ni las cosas del mundo conocemos.

La sed, ¿es un silencio propagado
que convierte los pájaros en tierra?;
y el agua, ¿es un milagro demasiado
visible y repetido?

Porque uno sabe menos cada día.

Y Tú estás a lo tuyo:
organizando estrellas,
decretando la lluvia,
ordenando crecer a tantos árboles,
como si nada…

De todo quiero hablarte,
incluso del cristal de mi << Dios mío>>
siempre en los labios frágil y purísimo.
(Tú no puedes decir nunca “Dios mío>”)

Antes que vuelva al barro y me transforme
en tierra oscura y patria,
antes que se conviertan estos huesos
en minería de la muerte,
yo, próxima materia de la gleba,
quiero saber de Ti por tu palabra.

Cuando Tú me inaugures
una inmortal costumbre decisiva,
cuando la sangre cese
y te entregue esta muerte hereditaria,
me enteraré de todo.

Mientras, aquí me tienes,
ocupado yo solo en mi consuelo,
equivocándome, intentando nada,
atareado con esto de vivir…

Manuel Alcántara

Oración

Un hombre soy de tierra.

Tierra oscura plantada de esperanza,
pobre tierra que piensa.

Mi voz involuntaria de testigo,
rotundamente humilde, no traspasa
la frontera de Dios, con tanto ruido.

La vida se me ha vuelto una pregunta.

Sin entendernos, Dios y yo, distintos,
llevamos nuestras soledades juntas.

Mi voz va por el aire,
tierra de Dios, sus voces
cruzan mi corazón, tierra de nadie.

Y estoy, como las islas,
rodeado de Dios por todas partes.
La muerte es una víspera.

Solidario de todo
(yo sé que nada vale la alegría),
trato con mi contorno.

Esa orfandad hereditaria
que cada hombre recoge cuando nace,
torna en mi voz desocupada.

Sigo esperando como siempre.

¿Dónde empieza el silencio interminable?

Un hombre soy de tierra y Dios no llueve.

Manuel Alcántara

Hombre

Iba alegre o sombrío
(según a Dios le diera),
extrañamente humano, como un árbol.

Iba como cualquiera. Sin saberse.

Días –primero plumas, luego piedras-
le cansaron la voz y las pestañas,
le llenaron de fechas la cintura.

Buscaba a Dios sobre todas las cosas,
invocando su santo nombre en vano.

Habitado del alto desconcierto
de sentirse incompleto,
moría, mucho a mucho.

La sangre le fluía, litoral y encrespada,
del todo irresponsable.

Vio la tierra sin ríos y los cielos sin nadie.

Por eso nunca supo si rezaba
al querer a los niños
o al decir aquel nombre de muchacha
o palabras hermosas como “vida”,
“mañana” o “todavía”.

Otras veces pensaba que ante un hombre
Dios deberá sentirse
abrumadoramente responsable.

Amigo y partidario de su sombra,
se amaba demasiado
el hombre del que os digo.

Pero lo hacía todo de muy buena esperanza.

A veces, se alegraba. Entonces iba y daba
todo a manos vacías y tiraba
la alma por la ventana.

Transitorio en sí mismo iba cruzando
íntimos territorios de su pecho,
donde un reloj de sangre le medía la sombra.

Agua pasada le mojaba
para siempre el camino.

Ahorcado de los cielos,
cualquier inútil piedra le crecía
el presupuesto de ternura.

Herido por la mística indolencia
el pecho vulnerable,
deshojado en oscura juglaría,
miraba todo con ritual desgana,
con los ojos fluviales desatentos
por la andadura larga y heridora…

Edificado barro trascendente,
la tierra inhóspita sostuvo un hombre,
puro presenciador de las estrellas,
encendido en palabras,
al hombre su ternura numerosa…

Manuel Alcántara

Necesidad de alegría

La mano del amor nos ensartó
para la alegría.

Abu-L-Qasim Ben Al-Saqqat


¿QUÉ extraña carretera me desvía
del territorio azul que voy buscando?
¿Por qué este límite de niebla cuando
quizá sea posible todavía?

Dejaré esta costumbre cualquier día
(que no se aumenta el corazón llorando);
por la tierra del pecho estoy cavando
para hacerme una casa en la alegría.

Porque algo me desmiente la amargura;
la frente más penosa solicita
luz en la circunstancia más oscura.

Partidario del sol entre la pena,
un agua de ilusión desacredita
el argumento triste de mi arena.

Manuel Alcántara

Arcángel de pereza

UN arcángel me ronda indiferente,
oigo sus alas cerca de mi aliento;
un arcángel me ronda, yo lo siento
con el peso del aire por mi frente.

Él me enseñó a decir «inútilmente»
y a darle los propósitos al viento;
su espada, del metal del desaliento,
se hunde en mi voluntad desobediente.

Arcángel rondador de la desgana,
que se lleva el dolor que no me tomo
para traerlo el día de mañana…

Sujetas van las penas por las bridas,
enjaezadas, dolientes, nobles, como
las mulas al final de las corridas.

Sólo la ociosidad es mi tarea.
Las morunas naranjas, gajo a gajo,
vierten su antiguo zumo, y en el tajo
se ha vuelto perezosa la pelea.

Si esto es vivir, que venga Dios y vea
cómo ando con la vida cuesta abajo…
Que cuesta estar de pie mucho trabajo
para después marcharse adonde sea.

El naufragio que llevo entre las sienes,
que es verdad que no cabe en cualquier río,
me trae a mal traer… Y aquí me tienes

contándole una historia a los desiertos,
machacando la vida en hierro frío,
hablando de la muerte con los muertos.

Lo sabe el corazón. Que no se diga
que el corazón no sabe lo que tiene.
Sobre su propia muerte se sostiene
pero la sangre a veces se fatiga.

Cansado y todo dice Dios que siga
habitando el vacío, que se llene
de noches y de nada… Mientras viene
uno se echa a dormir. Pereza obliga.

Con la genealogía de los trinos
cantando está la antigua voz del arte
a la insegura sombra de la suerte,

la memoria se llena de caminos
pero no llegaré a ninguna parte
con este corazón de mala muerte.

Manuel Alcántara

La memoria es de lluvia

CADA vez más, me vuelvo lluvia lenta,
lluvia que se detiene sorprendida
por no mojar la frente que recuerda.

Cada vez más, soy mano sin semilla,
ilusa sembradora de cosechas,
sonámbula de amigos, repartida
en las cosas, llamando por las puertas.

Cada vez más, soy fuente fugitiva
deshojándose a gusto entre las piedras.

Cada vez sabe menos de la orilla
y de los peces este mar que piensa.

Manuel Alcántara

El poeta pide por su voz

La voz es la esperanza que se amasa
con sangre de silencios y de ruido,
miedo sonoro, porvenir de olvido,
perro ciego en la puerta de mi casa.

La voz es una llama que fracasa
con su rojo propósito aterido;
en los labios estaba y se ha perdido,
que venga Dios a ver lo que le pasa.

¿Adonde irá mi voz con su estatura
mínima y luminosa de vilano?,
¿quién le presta las alas para el vuelo?

Procure yo en su frágil andadura
que el aire me la lleve de la mano
y Dios no quiera que se caiga al suelo.

Manuel Alcántara

La poesía

Estaba por el viento,
que yo la vi… Presunta en las palabras…,
escondida en el pecho…

Sin patria por la tierra,
hizo su residencia en el silencio.

Hombres hechos por Dios
de la materia de los sueños,
la buscaron sin luz entre las cosas.

Huérfanos del secreto,
invocaron su nombre,

se inventaron los versos.

(A veces roza el canto
o nos suena por dentro,
pero nunca se queda con nosotros,
sólo nos deja el eco.)

La memoria de Dios sólo la sabe.

Los hombres escribimos en el viento.

Un poema es propósito
de dorar el misterio,
un inútil intento de saberse,
cordialmente indiscreto.

Y nadie sabe… La poesía es una
manera de silencio.

Si alguien está seguro que la tiene,
que escriba el primer verso.

Viniera hasta mis manos y se haría la luz,
yo le preparo un hueco.

Nada se puede hacer para que venga.

Por eso yo me quedo
con los brazos cruzados, esperando
que me llueva del cielo.

Manuel Alcántara

Se prohíbe la reproducción total o parcial de esta obra, sea cual fuere el medio,electrónico o mecánico sin el consentimiento por escrito de la Fundación Manuel Alcántara.

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